Sinodalidad y ecumenismo

Estrenamos el año 2022 en el marco sinodal de la Iglesia católica.

El Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos nos pide que “cuidemos la dimensión ecuménica del proceso sinodal… que sea motivo para fomentar el diálogo y las relaciones interconfesionales” Buscamos la sinodalidad ad intra, en nuestras propias relaciones eclesiales y también en las relaciones con las demás confesiones cristianas (ortodoxos, protestantes, anglicanos…)        

En uno y otro itinerario descubrimos los mismos niveles a cuidar:                                                

  • un estilo sinodal, estilo personal de ser, vivir, estar, actuar,… que pide conversión.        
  • un proceso sinodal, favorecido por  estructuras sinodales adecuadas,                
  • un acontecimiento sinodal que tome decisiones necesarias para cambios reales. 

Y al mismo tiempo se abren paso unas expresiones que buscan hacerse realidad en espacios cada vez más amplios y estos son:

  • UN ESTILO DE COMUNIÓN, de concordia (con una sola alma), descentrados de nuestros    intereses y enfocados en el interés de Jesús de una vida abundante para todos. Esto pasa por acoger y reconocer una diversidad reconciliada, por curar heridas del pasado e intentar vivir hoy -en pequeñas células-  la Iglesia del mañana.  (Ecumenismo)
  • UN PROCESO DE PARTICIPACIÓN DE TODOS a través del diálogo, de caminar humildemente con nuestro Dios como pueblo. Por eso es importante preguntarnos en este proceso ¿Qué dones del Espíritu ha recibido la otra Confesión cristiana que la mía puede agradecer y esperar que los comparta con ella, y viceversa, para cuidar juntos la vida y el Evangelio? 
  • UNA SERIE DE ACONTECIMIENTOS como Sínodos, encuentros decisivos que tomen decisiones de cambios reales, en la línea de la misión que nos lleva hacia el horizonte de Dios, y hace real la oración de Jesús, “Padre, que todos sean uno, como tú y yo somos uno… para que el mundo crea”[1].                                                         

Así, paso a paso, hasta poder sentarnos a la misma Mesa y nutrirnos del mismo Pan. Y en el camino, nosotros “Hemos visto brillar su estrella y venimos a adorarlo”[2].

Es el lema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que nos convoca del 18 al 25 de este mes.                                                                                                               

Siguiendo humildemente esa estrella, “cuando los cristianos de las diversas confesiones se reúnen y abren sus cofres y sus corazones para rendir homenaje a Cristo, todos se enriquecen al compartir los dones de sus diversos puntos de vista”[3]. Dios es de todos y para todos y su verdad no admite estar encerrado en ningún término. Solo la común adoración en espíritu y verdad nos abre esa puerta, porque buscamos un ecumenismo encarnado y una sinodalidad cotidiana. 

Julia Blázquez, aci


[1] Evangelio de Juan 17, 20–23

[2] cf. Mt 2, 2

[3] (cf. Introducción al tema del año 2022)