¡JESÚS VIVE Y TE QUIERE VIVO!

¡JESÚS VIVE! Todas las lecturas de hoy nos hablan de cómo ha vivido Jesús y cómo permanece vivo: haciendo el bien; que, como decía Santa Rafaela, es la única cosa que no desaparece.

Hoy nos podemos reconocer en estos discípulos que no necesitan ver a Jesús en carne y hueso para creer en Él, sino que reconocen Su presencia en los signos que encuentran (los lienzos, el sudario…). Mientras que para María Magdalena son signos de muerte, vacío y tristeza, para ellos –y para nosotros– son signos de vida, alegría y ESPERANZA.

A veces basta una mirada para reconocer a Jesús Vivo en nuestras vidas y, otras, es necesario caminar, entrar e inclinarse para encontrarlo… poniendo nuestra esperanza solo en Él y no en nuestras capacidades o en lo que nos rodea. Normalmente esperamos señales en el cielo, espectaculares y deslumbrantes, cuando realmente están en lo sencillo de cada día, en gestos cercanos, palabras o encuentros, ¡en los signos de bien!

Hoy, con esta mirada resucitada que encuentra vida,
¿cuáles son las señales que, en mi día a día, me hablan de Su Vida?

¡Y NOS QUIERE VIVOS! Nos necesitamos unos a otros para ampliar horizonte, compartir y ayudarnos a mirar más allá de nosotros mismos. Del mismo modo que los discípulos ayudaron a otros a creer, nosotros somos llamados a ser signos de esperanza, entregándonos ahí donde estamos con la alegría de seguir a Jesús Alegre Resucitado, simplemente haciendo el bien… con la confianza de que “todos los que creen en Él, reciben” (Hch 10, 43).

¿Cómo puedo ser hoy signo de esperanza entre los que me rodean?