Calle de la Bola

El día 6 de abril, por la noche, se mudaron al piso arrendado en la calle de la Bola, número 12. Allí comenzaron a vivir con la mayor normalidad una vida religiosa que no habían abandonado en las circunstancias más anormales. «Incluso las adoraciones de día y de noche [. . .] y el rezo del Oficio, aun en el tiempo que anduvimos como peregrinas por los hospitales, sin casa, ni hogar, ni aprobación eclesiástica que nos obligase. Pero parece que Dios nuestro Señor nos obligaba en nuestra conciencia»

Al día siguiente, las dos fundadoras fueron a presentarse al obispo y a ofrecerle la casa —la verdad es que no estaba la tal casa como para recibir invitados, y menos si eran de categoría—. «El señor obispo las recibió muy bien y con todo el afecto de un verdadero padre las animó para llevar adelante la obra. Les dijo que desde aquel día podían vestir los hábitos en la casa y salir de seglares; que pidieran permiso para tener misa en oratorio privado y que hicieran la instancia al señor cardenal para el establecimiento; y, después de inspirarles toda confianza, las bendijo y despidió, prometiendo ir a visitarlas»

El piso

El piso de la calle de La Bola resultaba del todo insuficiente para una comunidad de 18 personas, pero era tanta la alegría de tener una «casa», que importaba poco la estrechez del local y la falta de ventilación que serán dificultades para continuar en ella. Y van a empezar allí a vivir con normalidad su vida religiosa.

«Era un piso como para seis o siete personas y por ajuar, las desnudas paredes, sólo dos colchones teníamos y algunas virutas para descansar. Estos colchones doblados durante el día, hacían las veces de sillas, y a dónde éstas no llegaban, suplían los baúles» (Crónicas de la M. Preciosa). Y a este tenor era todo lo demás.

 «Un día, acertó a llegar el P. Cotanilla a la hora de comer y la Madre Sagrado Corazón, después de recibirlo, le invitó a que por la rendija de la puerta viese a la comunidad comiendo. Se acercó con gusto el Padre, y ante aquel espectáculo, dijo: ¡corre de mi cuenta!, y se despidió sin mediar más palabra. Paro a las pocas horas, todo un carro lleno de muebles se paraba frente a la modesta casita. ¡Qué alegría en toda la casa!, sillas, mesas, camas, colchones, vajillas… ¿qué había pasado? (Crónica 9 de la M. Preciosa). Una vez más, la generosidad y la buena amistad, ésta vez, de las Madres Salesas, visitaban a ésta pequeña comunidad incipiente.

Por otra parte, Sor Francisca no puso término a su caridad después de abandonar el hospital, sino que por el contrario, siguió ayudándolas desde lo que tenía a su disposición, sobre todo enviándoles «una humilde despensa».

Se destinó la mejor habitación para Oratorio, aunque no muy grande, «colocando en el trastero principal un bonito altar con dosel blanco y azul qua cobijaba graciosamente una preciosa escultura de María Inmaculada»

«Desde el momento en que entramos en nuestra casita, se guardó la regla y la disciplina religiosa con puntualidad… y nadie la imponía, sino que se hacía voluntariamente. Sobre un cajón, con una toalla por mantel, se puso una estampa del sagrado Corazón y otra de la santísima Virgen, y allí se hacían puntualmente las adoraciones, de día y de noche». (Crónicas M. Preciosa Sangre). 

Debieron de llamar la atención entre los vecinos aquellas juveniles voces que se oían sin cesar, y como no veían a las cantoras por ninguna parte, picados de curiosidad decían, ”¿Quién vive en el principal?, preguntó cierto día un vendedor de canarios que habitaba uno de los pisos,- Diecisiete monjas- contestó otro de los vecinos, a lo que un tercero replicó con gracia: – ¡Diecisiete monjas!, ¡diga usted diecisiete jilgueros!»…

El nombre de la Congregación y la Aprobación…

Se escribió una instancia al Cardenal solicitando, como “Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús”, permiso para instalarse en Madrid. 

La instancia llevaba fecha del 13 de abril Iba firmada por la superiora con el nombre por el que ya entonces era conocida, y que tan bien expresaba sus más íntimas aspiraciones- María del Sagrado Corazón de Jesús. 

Al día siguiente, el cardenal devolvía el documento con una nota escrita al margen:

«Madrid, 14 de abril de 1877.  Concedo como se pide. El cardenal arzobispo de Toledo»

¡Al fin!  Día de gran fiesta el 14 de abril en el piso de la calle de la Bola.  Desde entonces aquellas jóvenes respiraron tranquilas con una doble alegría: la de haber respondido con fidelidad a la voz de Dios y la de haber recibido, por vez primera, una palabra de aliento de la Iglesia, una especie de adelanto o promesa de la aprobación que después les daría solemnemente la Santa Sede. 

Obtenida la licencia, vistieron también el hábito, y el Cardenal Moreno, nombró superiora y maestra de novicias a la M. María del Sagrado Corazón y procuradora a la M. Marla del Pilar. Encargando igualmente al P. Cotanilla, que acompañara en ésta nueva andadura a la naciente comunidad,  de ahí que se empiecen a redactar, ayudadas por el P. Cotanilla, los primeros Estatutos de la Congregación (fines de la nueva Congregación, su organización y sus principales prácticas).

Pero no eran todo rosas, pues a causa de las malas condiciones de la casa, empezaron a resentirse de la salud, y en pocos días, fueron cayendo con fiebres altísimas, incluyendo la M. Sagrado Corazón. El P. Cotanilla, aconsejó que habría que ir pensando en un cambio y ponerse a la búsqueda de una casa mejor y más higiénica.

REFLEXIÓN

A la vez que recorremos las raíces del Instituto, los primeros pasos de las Esclavas en Madrid, iremos conectando con nuestros primeros pasos en … nuestro trabajo, en la familia, en el grupo de referencia, en la comunidad, en el colegio….  para poder mirar, contemplar y ver lo que ha pasado por nosotros durante estos años. Para poder agradecer todo lo recibido y proyectarnos en el presente y en el futuro.

Los principios

¿Recuerdas tu primer día …de grupo, de trabajo en el colegio, de comunidad, de nueva familia…. ?
Pasa por el corazón las personas con las que te encontraste, los sentimientos y emociones que tuviste…
¿Qué te llamó la atención del espacio, del ambiente?
¿qué fue lo que te hizo sentir a gusto? 
¿Cuáles eran tus ilusiones? ¿Qué te entusiasmó?
¿Qué es lo que llevas más dentro de la espiritualidad de las Esclavas después de estos años?

Por las ventanas del piso de la calle de la Bola penetran los mil ruidos del exterior: carruajes que corren, pregones de vendedores, juegos de niños y cancioncillas de moda y los pasos de la gente: hombres, mujeres, niños que viven o pasan por Madrid. El mundo de Rafaela María Porras no es ajeno al suyo.