CARTEL

Rafaela María, palabra y silencio, vida y muerte en Roma.

Con emoción nos acercamos a tu cuarto romano, lugar de entrega callada, pero de ventana abierta, donde tu corazón universal latía al ritmo de un Instituto que crecía, saltaba mares y atravesaba continentes: América, luego vendría Asia, África, Oceanía.

Frente a la eficacia, la rapidez, el hacer muchas cosas, tú nos enseñaste que lo único que permanece es el bien que se hace. Nos enseñaste que amar, adorar y servir es una manera feliz de vivir al modo de Jesús.

Nos enseñaste a valorar los pequeños detalles de la vida que dan luz y alegría a los que nos rodean, nos enseñaste a decir con María: ¡Hágase! A confiar, aunque el camino estuviera oscuro y la bruma enturbiara el día. Te fuiste silenciosamente el día de Reyes (de la epifanía, de la manifestación de Dios a todos los hombres) , día de adoración, de ofrenda y entrega. La noche de los sueños nos dejaste a todos el gran regalo de tu vida, la invitación a hacer de nuestras vidas un continuo acto de amor.


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Rafaela María, mujer, Esclava del Corazón de Jesús, amiga y compañera.

Cien años creciendo tu árbol, ese que un día plantaste con la M. Pilar, enraizado en Jesús Eucaristía.

Hoy, con agradecimiento, contemplamos sus frutos, diversos, maduros, de colorido variado, unos suaves, otros intensos, pero todos frutos de Reparación, de Vida, de promoción, de amor.  

Tu árbol querido se viste de hojas que se renuevan al ritmo de las estaciones, como se renuevan con ilusión y esperanza las tareas, los compromisos, los sueños de todos los que te seguimos: Esclavas, Familia ACI, colaboradores y amigos…

Gracias Rafaela María porque nos sigues cuidando, atenta al riego que necesita tu árbol, intercediendo ante el “Jardinero” que cada día nos llama a seguirle porque quiere que, con Él, seamos felices.