“VENIMOS DE ORIENTE A ADORAR AL REY”

 

Hoy celebramos que Dios se ha manifestado a todos los pueblos, de la manera más humilde y sencilla posible, para que cada uno de nosotros lo podamos acoger. Los Reyes de Oriente representan a todos estos pueblos, como peregrinos que buscan las señales que les lleven hasta el verdadero Rey (Mt 2, 1-12):

“La estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos”. Durante un tiempo, caminan sin saber hacia dónde, porque no ven la estrella que les había indicado el camino. Aun así no desisten, preguntan y buscan hasta que la vuelven a ver y, alegres, siguen ese camino.

Todos tenemos estas estrellas en nuestra vida, que nos iluminan el camino haciéndolo más fácil, siendo apoyo discreto, haciendo el bien… llevándonos a Dios. A veces no las vemos porque nos distraemos con cosas o momentos que hacen más ruido. Hace falta mirar más allá de nosotros mismos para reconocer los destellos que nos llenan de alegría en nuestro día a día.

“Vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.” Al ver al Niño, lo primero que hacen es ponerse de rodillas y adorarle. Es un impulso de amor absoluto ante el Amor más grande. Este gesto espontáneo nace de dentro, al reconocer ante ellos la grandeza de este Niño y sentirse pequeños ante Él. Le ofrecen todo lo que tienen, para que solo Jesús les llene de Su riqueza, amor y voluntad.

En los Reyes encontramos el modo de Adorar a Jesús, que hoy sigue entre nosotros hecho Pan. Adorarle es reconocer ante Quién estamos a la vez que exponemos quiénes somos, admirando su grandeza en mitad de la fragilidad y sencillez de un trozo de pan, dejándole espacio en nuestras vidas para que nos transforme y nos salve. Adorarle es reconocer que es el Rey de nuestras vidas.

Su presencia nos va llenando tanto que cada vez vamos ofreciendo más. Hay momentos en los que necesitamos entregarle algo concreto de nuestras vidas: nuestro carácter, un trabajo, una relación… otras veces, simplemente necesitamos ofrecerle nuestras manos vacías, para dejar que Él las vaya llenando.

“Se retiraron a su tierra por otro camino”.Después de este encuentro, los Reyes vuelven por un camino diferente, ya que han entregado todo lo que tenían y, seguramente, han recibido mucho más de lo que esperaban.

La experiencia de Dios nos sorprende y nos lleva por caminos distintos. Cuando de verdad soltamos las riendas, confiamos y entregamos lo que nos ocupa y preocupa, Él nos va transformando casi sin darnos cuenta, llevándonos por Sus caminos, donde prevalece el amor, la justicia, el agradecimiento… esto es lo que hace que volvamos al mismo sitio, pero de forma diferente.

Como los Reyes, después de este encuentro donde reconocemos la grandeza de la Pequeñez, volvemos a nuestras vidas para “poner a Jesús a la adoración de todos los pueblos y hacer porque todos Le conozcan y Le amen” como quería Santa Rafaela María.

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