Sagrada familia

 

JOSÉ SE LEVANTÓ, COGIÓ AL NIÑO Y A SU MADRE” (Mt 2, 21).

 

Jesús ha nacido y crecido en una familia, pasando por lo que hemos pasado nosotros: le han enseñado a andar, hablar, a comportarse y relacionarse con los demás, a trabajar… Mucho de lo que sabemos de Él en su vida pública, junto a los que le seguían, viene precisamente de aquí, de lo que le han inculcado María y José y de lo que Jesús ha visto en ellos.

En la familia descubrimos la gratuidad del amor, aprendemos a perdonar y a pedir perdón, compartimos alegrías y tristezas… Hoy puede ser un buen día para agradecer tanto bien que recibimos de nuestra familia, porque mucho de lo que somos es gracias a ellos.

Cojamos, como San José, a cada una de las personas que forman nuestra familia, aceptándola tal y como es, sabiendo que es lugar sagrado, porque crea continuamente vida nueva. Es lugar de entrega, donde aprendemos a salir de nosotros mismos para dejar espacio a que el otro sea. Traigamos también al corazón a esas personas que, por su entrega y forma de amar, las consideramos familia.

La segunda lectura de hoy nos dice: “Por encima de todo esto, el amor. Sed agradecidos” (Col 3, 14-15). El amor nos hace agradecidos y el agradecimiento nos mueve a amar. Pidamos al Señor la gracia de agradecer por estas personas que nos han dado tanta vida y que nos han enseñado a amar. Allí donde nos entregamos para que otros tengan vida, hacemos presente la Sagrada Familia.

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