¡Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero!

 

El cuarto domingo de Pascua es el domingo del Buen Pastor. Además celebramos la Jornada Mundial de oración por las vocaciones y la jornada de las vocaciones nativas.

Cuando Jesús quiere explicar a sus discípulos qué significado tiene la resurrección, no utiliza discursos de una alta elaboración teológica, sino que recurre a imágenes tomadas de la vida cotidiana, y asequibles a todos.

Conocer, dar la vida y proteger son los verbos con los que el Evangelio de hoy dibujan la imagen del Pastor que es Jesús y su misión. Pero el evangelio también dirige una mirada hacia el rebaño, hacia los discípulos. ¿Cómo debe ser su relación con el Pastor? Y dice el evangelio que: Lo conocen, escuchan su voz y le siguen.

Es el camino del amor que nos lleva a la plenitud de vida. La  alegoría del pastor y las ovejas pone el acento en la dimensión personalizada, en esa relación mutua de Jesús con los suyos. Desde esta alegoría entenderemos hoy mejor el encargo de Jesús a Pedro, Pedro apacienta mis ovejas. Y esto se lo dice cuando ha escuchado de sus labios estas palabras: ‘Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero’. Ahora Pedro sabe que esta misión es un servicio, hasta el punto de dar la vida por las ovejas, como Jesús. 

 

Para decir Sí hay que escuchar la llamada, por eso, el papa Francisco, en su mensaje para esta Jornada, se dirige a los jóvenes para decirles:”no seáis sordos a la llamada del Señor. Si él os llama por este camino no recojáis los remos en la barca y confiad en él. No os dejéis contagiar por el miedo, que nos paraliza ante las altas cumbres que el Señor nos propone. Recordad siempre que, a los que dejan las redes y la barca para seguir al Señor, él les promete la alegría de una vida nueva, que llena el corazón y anima el camino”

¿Cómo escucho yo la voz de Jesús, mi Buen Pastor? ¿Cómo es mi seguimiento? ¿Me he sentido alguna vez llevado en sus hombros? ¿He huido del rebaño? ¿Cuál ha sido la razón?

 

El pastor bueno conoce a cada uno por su nombre; conoce mis capacidades y debilidades, mis ilusiones y mis heridas; conoce mi corazón y me ama como a su hijo. ¿Estoy convencida del amor de este Jesús que me conoce, que me quiere, que está cercano a mí, siempre? ¿Respondo con agradecimiento?

 

   Oración:

   Señor, haz que nuestros ojos sean claros y estén despiertos como los de María,

   que nuestra mirada refleje tu Presencia y nuestras palabras transmitan alegría;

   concédenos mirar la vida con asombro, descubrir en ella tu voz que nos invita a seguirte

   y acoger el misterio de nuestra propia vocación.

   Queremos decir que “Sí”, como María,

   y hacer más humano el mundo que habitamos.

Amén.                                 

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