Camino de vuelta. Cuarto Domingo de Cuaresma

 

Dios, un Padre acogiendo con los brazos abiertos a los que andan «perdidos». Un Padre que tiene debilidad por los más doloridos, más pobres, más equivocados… un Padre que acoge a todos con amor.  

El abrazo del reencuentro entre el Padre y el hijo menor, emana intimidad, cercanía, gozo, reconciliación, acogida, perdón, alegría. Encuentro sorprendente del Padre con el hijo que abandonó el hogar.

¿Qué dificultades encontramos a la hora de querer recorrer el camino de vuelta a Dios Padre?

Seguro que hay tropiezos, cansancios, ceguera, insensatez, desánimo, meta casi imposible. Pero lo importante es recordar que el camino de vuelta es un proceso, decisión, que nos lleva a adentrarnos en nosotros mismos, a mirar lo vivido, contemplar nuestro presente y escoger el futuro dejándonos abrazar y envolver por el perdón del Padre misericordioso.

¿Seremos capaces de dejar que el hijo mayor y menor crezcan y lleguen a la madurez del Padre misericordioso?

Estamos invitados a vivir la experiencia de un Dios Padre que nos ama como hijos, un Dios que nos espera cuando nos alejamos para volver a acogernos, perdonarnos y llevarnos por el camino del amor, el camino que conduce a la Vida. 

 

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