«Aquí estoy para hacer tu voluntad»

 

Abrirse a la voluntad de Dios es el aire fresco en nuestra vida, es llenarse de gozo y saltar, sentirse querido, sentirse llamado, sentirse habitado. Dios llega a los lugares más remotos, aún más, empieza en las periferias donde vive la gente sencilla, como en aquel pequeño pueblo de Belén. Es un Dios de todos y para todos. Dios reunió a María e Isabel; la experiencia de Dios provoca el encuentro entre los seres humanos.

  

 

 

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto