Por tierras de Andalucía… ¡y más allá!

 

Como todos los años, la comunidad juniorado tras finalizar sus estudios, emprende una peregrinación que nos ayuda a recoger el curso y todo lo que fuimos viviendo y trabajando. El año pasado nos fuimos a Galicia, poniéndonos en camino hacia Santiago. Este año nos dirigimos hacia el Sur: Andalucía. Después de un año trabajando el decreto de la eucaristía, fue un verdadero regalo volver a la tierra de Santa Rafaela María, cuyo mayor deseo era “poner a Cristo a la adoración de los pueblos”.

Empezamos el viaje con toda la comunidad, visitando Sevilla, que verdaderamente tiene un color especial, tal vez por la belleza de las calles o por la cercanía de la gente. Hemos disfrutado mucho con la comunidad del colegio mayor La Luz que nos acogió estupendamente, y dónde hemos podido incluso charlar un poco con las universitarias, que nos querían conocer. Gracias a los padres de Montse, que nos prepararon un verdadero tour por la ciudad, hemos podido conocer los lugares más emblemáticos de Sevilla.

Después de Sevilla, las junioras e Inma, seguimos nuestro viaje hacia el sur, pasando por Jerez de la Frontera, donde una vez más fuimos acogidas por la comunidad que nos había preparado una visita completa a esta tierra de vinos y llevándonos por los lugares por dónde han pasado nuestras fundadoras. Fue un verdadero regalo conocer a fondo Jerez, redescubrir nuestra historia por esta tierra y conocer lugares tan bonitos como la Iglesia de San Miguel.

Pero en este viaje hacia el sur queríamos también ir más allá, hacia las periferias. Respondiendo al deseo de acercarnos a la realidad de la movilidad humana y siguiendo el proyecto de la Congregación General XX, quisimos conocer más de cerca el lugar a dónde llegan tantos migrantes en búsqueda de una vida mejor: Ceuta. Desde Algeciras, cruzamos el estrecho de Gibraltar, contemplando en silencio el mar por donde tantas personas arriesgan su vida por buscar un lugar donde vivir con dignidad. 

Nuestro día en Ceuta lo debemos a las hermanas Carmelitas de la Caridad de Vedruna, que nos han enseñado su proyecto de acogida a inmigrantes - Elim – un verdadero oasis de humanidad y cercanía, en medio de la dureza de esta realidad. Nos han enseñado el paso de frontera con Marruecos, donde tantas mujeres van y vienen con mercancías escondidas. Hemos contemplado la valla situada en el pueblo de Benzú: una valla terrible por las muertes que han causado y que contrasta con la belleza de la montaña y del mar. Al verla no se puede dejar de pensar con dolor: ¿Por qué ponemos muros en un mundo que Dios ha creado para todos?   Por la tarde, las hermanas nos han presentado algunos de los participantes del proyecto, que van ahí todas las tardes a aprender español y algunos talleres, como hacer velas. Es muy esperanzador ver tanta vida renaciendo en los ojos de quien llega con muchos sueños y espera tanto tiempo para conseguir papeles y buscar su vida. Después de este día tan intenso, solo nos queda agradecer a las hermanas de Vedruna por la labor que hacen con tanta dedicación y valentía. 

El último día de este viaje lo hemos pasado visitando la comunidad de Cádiz, dónde hemos conocido el colegio de Cádiz, hemos disfrutado mucho de la vista del mar y de la compañía de las hermanas mayores que nos han acogido con mucho cariño y alegría. 

Después de este viaje por Andalucía y hacia las fronteras, solo nos queda agradecer de todo corazón a las hermanas que nos han acogido y el tanto que hemos conocido y disfrutado. Verdaderamente hemos experimentado la vida que brota de la Eucaristía en la entrega diaria de las hermanas del Instituto y la urgencia de salir a la periferia para acoger a todos.

         

 

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