Haced esto en memoria mía

Celebramos hoy la gran fiesta de la Eucaristía que se remonta al siglo XIII. Parece que la fiesta de Jueves Santo en la que celebramos la institución de la misma no fuera suficiente para resaltar la herencia que Jesús nos dejó como recuerdo y presencia cuando su muerte estaba muy cerca. Tenemos que volver a Jesús, contemplar su vida en el evangelio, una y otra vez, para ser conscientes de la hondura que encierra este testamento que nos va transformando y haciendo a su estilo y en el que compartimos su propio ser. Es demasiado profundo lo que Jesús nos dejó y hemos de estar alerta para no vaciarlo de su contenido y se nos pueda convertir en un rito.

Se dice que a Jesús lo mataron por su forma de comer, porque compartió mesa y vida con los mal vistos de su entorno, comía con pobres, pecadores, mujeres, enfermos, …  y multiplicaba el pan para que las multitudes que estaban como “ovejas sin pastor” pudieran alimentarse. Jesús comía de esta manera para decirnos que Dios es así, que derrocha bondad, misericordia, perdón y que nos invita a todos al banquete del Reino.

La comida es un tema muy importante para el ser humano, es una de las necesidades básicas, y para nosotros gente de este primer mundo en el que derrochamos fácilmente la comida es difícil que seamos conscientes de la situación real de nuestro mundo que este día no podemos olvidar.

Desde el 2014 ha comenzado a aumentar el número de personas que sufren de hambre. La ONU, por su parte atribuye a los conflictos violentos y sucesos relacionados con el clima como el fenómeno de “El Niño”, el empeoramiento de la seguridad alimentaria. La gran mayoría de personas que padecen hambre en el mundo viven en países en desarrollo, donde el 12.9% de la población presenta desnutrición. La nutrición deficiente es la causa de casi la mitad (45%) de las muertes en niños menores de cinco – 3,1 millones de niños cada año.

La cifra total de personas que padecen hambre en el mundo asciende a 815 millones:

               En Asia: 520 millones

               En África: 243 millones

               En Latinoamérica y el Caribe: 42 millones

Porcentaje de la población mundial víctima del hambre: 11 por ciento

               Asia: 11,7%

               África: 20% (En África occidental, 33,9%)

               Latinoamérica y el Caribe: 6,6%.

Jesús nos invita al banquete en el que deben caber todos los seres humanos y en el que nos compromete: “Dadles vosotros de comer”, a salir a los caminos e invitar a nuestra mesa a todos los que no tienen acceso a ella. El Cuerpo de Cristo es la humanidad entera y cuando nos dice “haced esto en memoria mía” nos está emplazando para hacer realidad su sueño de ese banquete universal en el que hay comida para todos.

Es muy bonito e impresionante ver salir a la calle la portentosa custodia de Toledo o tantas otras algo menos impactantes con mucha gente alrededor echando pétalos de flores o construyendo unas alfombras florales preciosísimas, pero, … ¿es eso lo que Jesús quería al decirnos “haced esto en memoria mía”. Sí que se dejó aclamar algunas veces como nos recuerda el evangelio en la entrada de Jerusalén, pero iba montado en un borrico y la gente sencilla le saludaba con ramas cogidas en el campo.

Jesús, hoy, nos invita a todos los que salimos en las procesiones, a los que le adoramos como nuestro único Señor, a unirnos también para exigir una distribución de bienes más justa, un respeto profundo a nuestra tierra, … para que entre todos hagamos posible, cuanto antes, que nos sentemos juntos en el banquete y haya comida para todos.

Así podremos hacer vida lo que se nos decía en el documento “Estar en este mundo como en un gran templo”:

  • "Apremiadas por la Eucaristía, “pan roto” que se comparte, queremos dejarnos afectar, que sea nuestro el dolor del mundo y hacer todo lo que podamos para consolar y aliviar. 
  • Deseamos que la Eucaristía nos comprometa a promover el valor y derecho al trabajo y al descanso, como espacios de encuentro, maduración humana y colaboración en la transformación del mundo.
  • Queremos celebrar y adorar la Eucaristía también en los “templos de la vida”, en su plena dimensión social y apostólica, comprometiéndonos con la justicia, la paz  y la promoción humana.
  • Buscamos implicarnos en una solidaridad universal nueva, para que en la mesa compartida haya sitio para todos, estableciendo relaciones que generen inclusión, pertenencia y esperanza.”

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