Permaneced en mí

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto».

 

 

…”el que permanece en mí y yo en él,

ése da fruto abundante;

porque sin mí no podéis hacer nada.”

Enraizados en Jesús…

“Nuestra vida ha de estar absolutamente unida a la persona y al proyecto de Jesús de Nazaret. El Evangelio es, sin lugar a dudas, quien nos aporta la mirada para acercarnos a la realidad de nuestro mundo y, es también,  nuestra fuente segura para determinar las acciones de transformación que proponemos al conjunto de la sociedad. 

“Nuestra aportación a la construcción de un nuevo mundo radica en la presencia de la savia del Evangelio que debe penetrar todo lo que somos y hacemos. Cuando apostamos, entre otras cosas, por un mundo donde la vida sea respetada, la justicia sea una realidad para todos, la paz un derecho inalienable y la reconciliación una forma de estar entre personas y pueblos, lo hacemos desde los valores que el Maestro Jesús nos dejó como claves para formar personas para y con los demás. Estar íntimamente unidos a Jesús no es una invitación cualquiera, es la exigencia que surge del deseo de ser auténticos testigos de Jesús hoy.” 

Cortar las ramas secas…

Dice el Evangelio que las ramas que no dan fruto han de cortarse y quemarse para que no afecten al conjunto del árbol o pongan en peligro sus frutos.

 ¿Qué ramas hemos que cortar hoy?  

Con humildad creo que, en primer lugar, debemos cortar todas las ramas que pongan en peligro la unidad fundamental de la Iglesia entorno a Jesús: la descalificación del que piensa distinto, las críticas subterráneas que ni construyen ni dejan construir, la intolerancia y la poca flexibilidad…

Una segunda rama a cortar podría ser la de cierta lejanía con la vida, las alegrías y las preocupaciones de las personas y los pueblos.

Podar para dar más fruto…

La tercera acción es la poda de aquellas ramas que pueden dar más fruto.

  • Podar la rama de la presencia de la Iglesia en las fronteras y en las periferias existenciales donde se tienden puentes de inclusión y dignidad para todas y todos. Consuela… ver a la Iglesia en los campos de refugiados, acompañando a las víctimas de la trata de seres humanos, defendiendo la dignidad de los pueblos indígenas, tendiendo puentes de reconciliación en los pueblos sumidos en las guerras fratricidas, elevando su voz para denunciar la violación de los derechos humanos, abrazando a las víctimas del terror, acogiendo con cariño a quienes buscan sinceramente a Dios desde ciertas realidades que a algunos les cuesta aceptar, etc.
  • Podar la rama de la presencia de la Iglesia en el mundo de la educación. Sin educación el mundo puede perder su norte. Un pueblo analfabeto, aunque esté nadando en dinero, es un pueblo subdesarrollado.
  • Podar la rama de la misericordia, la ternura y la compasión que hace de la Iglesia una comunidad samaritana o, tomando la expresión de Francisco, una Iglesia “Hospital de campaña” que cuida, atiende y sana a quienes sufren el rigor del descarte.

(Cf. Javier Castillo S.J. Agroecología espiritual)

 

Pidamos al dueño de la Vid que no nos deje apartar del tronco del Evangelio, que pode nuestras ramas para dar frutos que le glorifiquen y que corte todas las ramas que impidan que su savia fluya entre nosotros.

«Así seréis discípulos míos.»

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