¡Hemos llegado al final del camino! Si hemos vivido despiertos y le hemos dado la vuelta a nuestra prisa, si hemos estado  alegres y abiertos a acoger la vida, hoy tenemos ante nuestros ojos  UN NIÑO, que se nos regala para darle la vuelta a nuestra vida.

Cuando un bebe entra en nuestra casa todo se descoloca, o mejor dicho, nos obliga a descentrarnos  para centrarnos sólo en él. Requiere nuestra atención continua y en su desvalimiento reclama toda nuestra disponibilidad.  Así, en Navidad, Jesús se hace Niño para centrarnos, para que nuestro corazón y nuestra mirada se orienten a la debilidad, a la necesidad, a la pobreza y a la fragilidad. Para que nuestras durezas se hagan ternura, para que nos abajemos, abracemos  y sintamos “debilidad” por lo pequeño.

Que en este tiempo de Navidad,  dejemos que este Niño que vive en todos los desvalidos nos robe el corazón y nos dé la vuelta para dejar de reservarnos y darnos por entero a los más pequeños.

 

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