“Estad siempre alegres” Ts 5,16

 

Esta semana somos invitados a cambiar el tono triste y gris de nuestro mundo. Somos llamados a llenar de luz, de color nuestra vida y la de aquellos que nos rodean, y a hacerlo con un arma muy poderosa: la sonrisa.

Las lecturas de hoy nos urgen a alegrarnos, a desbordar de gozo, a reconocer, agradecer y vivir con alegría, porque hay mucho por lo que dar gracias.

Puede parecer difícil alegrarse en un mundo en el que descubrimos cada día, tanto dolor, tanta pobreza, tanta injusticia. Pero la Alegría del Evangelio no está exenta de dificultades… no es una alegría barata y explosiva; es la Alegría serena del que sabe que está en buenas manos, ¡en las mejores! Del que sabe que el Señor está cerca y Él puede reparar, sanar, amar y acompañar todo lo que hay roto en nosotros.

Es la Alegría de María, que desborda de gozo, pese a la dificultad que hay en el camino que Dios le propone para su vida. Sin embargo, su alegría nace de saber que “todo es posible para Dios”.

¡Vayamos esta semana sembrando a nuestro alrededor la Alegría que nace de esa certeza!

¡Abraza, mira a los ojos y que tus labios dibujen esa curva que puede enderezarlo todo!

 

          

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